Un día me preguntaste si era sincera cuando te dije que confiaba en ti.
Sí que lo fui, porque eso es lo que hacen los soñadores, creer en la belleza de sus sueños.
“No hay sueños imposibles, sino hombres incapaces”, me dijiste.
¿Sabes qué? Tenias razón porque por mi no harías cualquier cosa aunque te hayas molestado en malgastar una promesa tan bella y tan llena de significado…
Por ti sentía algo bello.
Ahora el tiempo lo marca el silencio y los recuerdos. Y yo ya no intentaré más atrapar al viento entre mis manos, porque resulta frustrante.
¿Qué harías si te digo que te necesito? Ahora lo sé, no harías nada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario