Cariño, esta noche me pesa mucho el alma. Me escuecen los párpados y tu cobardía, esa que llevas siempre por delante. Sin embargo yo he agachado la cabeza y he asentido. Como siempre.
El polvo airea, subo la calle a ciegas. Vuelvo a lamentar tu cobardía. Me duelen los ojos… y así toda la noche.
Y así todas, cariño.
Y así todas, cariño.

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